Hoy la rabia me quema el alma, me duele ver como tu nobleza y saber estar le restan puntos a la picardía que no tienes, que nunca nació de ti. Me gustaría enseñarte que hay cosas en la vida que no deben afectarte, que tú estás por encima de todo aquel que trate de hacerte menos o de hacerte nadie, pero a tus cuatros años la inocencia te invade hasta el último poro de tu piel, y no es que seas tú la extraña o la equivocada, es que esta sociedad hace de los niños viejos demasiado pronto, viejos en malicia, en picaresca, en maldad y no dejan que los niños sean eso, niños y no entienden que ya serán mayores algún día y que ya algún día tendrán tiempo de ocuparse de cosas de mayores.
Tú mi niña, eres especial, eres grande siendo tan pequeña, eres noble, y me encanta esa inocencia y esa forma en la que ves el mundo. Me encantaría desenvainar mi espada cada vez que los niños son injustos contigo pero no puedo hacer de tu lucha la mía, y por más que intente explicarte que tienes que mostrarte fuerte, defender tu lugar y mostrar tu inconformismo tú tiras todos mis argumentos por tierra cuando inocentemente me preguntas: ¿Por qué mami? Y que te puedo contestar, aún no entiendes que en este mundo si no pisas fuerte el camino por donde vas otros pasarán por tu camino atropellándote los pies, aún eres muy pequeña y la inocencia de tu niñez y la nobleza que te caracteriza no te dejan ver que las rosas son preciosas para admirarlas y olerlas a una distancia prudente, pero que si tratas de cortar una, o lo haces con cuidado..... o estás perdida.
domingo, 28 de diciembre de 2014
Bendita inocencia
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